Amberes: la ciudad del brillante no tiene puentes

La ciudad se alza en el inicio del estuario del Escalda, río europeo que cruza Bélgica y divide, entre otras, la tierra amberina. Allí, donde comienzan las aguas dulces a intercambiarse con las saladas del mar del Norte, se sitúa la que fue considerada en el siglo XV la urbe más hermosa del mundo: Amberes.

Quizás la brisa que emerge de esa mezcla de «corrientes» sea lo que impregna el aire de una seductora ambigüedad y elegancia. Antwerpen –en neerlandés– es actualmente un destino de interés arquitectónico, histórico y cultural, lugar entre lo medieval y contemporáneo que despierta fascinación allá donde se pose la mirada.

La imagen de Amberes más conocida por el viajero es su imponente catedral gótica, no en vano se trata de la de mayor tamaño de Bélgica. Pero, visualmente, lo más extraordinario que la caracteriza es un horizonte de aguas fluviales sin puentes, pues las aguas del río Escalda se atraviesan por debajo de la tierra… para que en la superficie nada perturbe su armonía ni belleza.

Está constatado que Amberes ya existía como núcleo urbano en los siglos II y III d.C. y que la habitaron galos romanizados por el Imperio Romano. Desde sus orígenes, la cultura de la urbe es una fusión de civilizaciones, épocas y mundos. Hoy es medieval-contemporánea, aunque antaño se caracterizó por ser galo-románica.

Durante los siglos XV, XVI y XVII Amberes se posicionó en el mapa como punto de encuentro entre artistas, ideas y riquezas atraídos todos por su próspero puerto y la ubicación del mismo en el corazón de Europa. Era la conocida Edad de Oro de Flandes en la que se desarrolló una nueva mentalidad, la del hombre emprendedor e innovador que comienza a viajar por el mundo.

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En ese periodo Amberes adquirió la diversidad y carácter abierto que define a los pueblos que acogen a viajeros y, con ellos, sus costumbres y usos. Era, entre otras cosas, una gran metrópoli medieval, nudo de comunicaciones y enclave comercial. En ella los judíos desarrollaron la industria del diamante hasta convertirla en la producción principal de la ciudad.

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