Valparaíso: sus cerros y La Sebastiana

“… Para vivir y escribir tranquilo tiene que poseer algunas condiciones”. Pablo Neruda hacía así la petición de encontrar un lugar propio y singular, una casa.

“No puede estar ni muy arriba ni muy abajo. Debe de ser solitaria, pero no en exceso. Vecinos ojalá invisibles. No deben verse ni escucharse. Original, pero no incómoda. Muy alada, pero firme. Ni muy grande ni muy chica, lejos de todo. Pero con comercio cerca”.

Si leemos estas líneas de su carta, bien podría ser la descripción de Valparaíso, ciudad donde halló esa casa: La Sebastiana.

La Joya del Pacífico

Valparaíso asemeja a un auditórium semicircular en el que las viviendas son butacas que se van elevando en la distancia. Según el nivel del mar, no se halla “ni muy arriba ni muy abajo”. No está muy poblada, pero tampoco solitaria, pues sus trescientos mil ciudadanos no permiten que impere la soledad.

Vecinos casi invisibles, repartidos en cuarenta y tres cerros cuya independencia les hace desarrollar una fuerte identidad que apenas ve ni escucha a las demás. Original y alada por su ocupación vertical, “pero no incómoda” gracias a sus funiculares. “Ni muy grande ni muy chica, lejos de todo”, aunque nexo de comercio marítimo.

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