Almería, escapada con sabor

Almería sabe a historia, a mar, a huerta y a tapas. Si el viajero combina estos sabores, obtiene una experiencia global con atractivos suficientes para disfrutar de unos días de descanso absoluto. Su temperatura suave y sus 300 días de sol anuales la convierten en una tentadora apuesta para los meses más fríos, más aún ahora, que acaba de ser proclamada como Capital Española de la Gastronomía 2019, una excusa más que apetecible para disfrutar de la ciudad a bocados.

La historia de la capital almeriense se escribe en piedra y se esculpe a golpe de martillo y cincel. Las grandes damas de esta ciudad relucen en el entramado urbanístico por sus destellos dorados. La Alcazaba, la mayor fortaleza árabe de Europa, se alza sobre una colina a la que se accede tras callejear por una medina caprichosa donde las casas, los patios y algún pequeño negocio se suceden de forma anárquica. Aún se siente el ambiente de barrio, con grupos de vecinas tomando el fresco al caer la tarde, niños jugando a la pelota y teterías que lucen una parra a la entrada donde se descuelgan racimos de uvas. Un té a la menta o una limonada en Almedina (c/Paz, 2) siempre vienen bien antes de comenzar a recorrer el amplio perímetro de la Alcazaba, que encierra dos recintos árabes y uno cristiano. Aquí se han rodado escenas de series como Juego de Tronos y pronto se podrá ver en la película «Wonder Woman».

Aunque en una posición menos elevada, la Catedral de la Encarnación despierta interés por su propia arquitectura, una tipología que se encuadra dentro de las catedrales fortaleza (la única de Andalucía). Sus muros robustos y la solidez de la construcción se deben a los frecuentes ataques de los piratas berberiscos. Con ese mismo afán defensivo, pero con otros enemigos, se edificaron los refugios de la guerra civil española, la obra cumbre del arquitecto Guillermo Langle Rubio. Fue la experiencia minera la que obró el milagro de construir estos túneles, donde la población pudo refugiarse durante los bombardeos en tiempo récord. Pasear por la galería principal, que transcurre bajo el Paseo de Almería, en una visita guiada permite conocer cómo se vivían aquellos momentos. La frialdad del interior, la enfermería, los dibujos de los niños en los paredes y el simulacro final hacen de este kilómetro de túnel una vívida lección histórica.

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Huerta y mar

Solemos identificar esta provincia con la huerta y con decenas de hortalizas. A las mesas nacionales e internacionales llegan tomates, pimientos, pepinos, berenjenas, etc. con su sello particular. Pero en la capital, además de encontrar invernaderos, también se concentran empresas como Rijk Zwaan (www.rijkzwaan.es) donde se investiga para mejorar la producción hortofrutícola. Su labor trata de beneficiar tanto a los agricultores, a través de las semillas, como a los consumidores, a quienes dirige campañas de concienciación nutricional.

Algunos de sus productos estrellas, como los pimientos rojos Palermo o los pepinos snacks myCubies, ya lucen en primer plano en el Mercado Central de la ciudad. En esta gran edificación de hierro de finales del siglo XIX, diseñada por el arquitecto Antonio Martínez Pérez, se concentra una buena representación de los productos locales: frutas, verduras, charcutería y carnes. Incluso se organizan actividades temáticas como showcookings y talleres para niños. Una planta más abajo son los productos del mar los protagonistas. Esos mismos pescados hace unas horas eran descargados y subastados en el puerto de Almería. La llegada de los barcos, al amanecer y sobre las seis de la tarde, es otro espectáculo que merece la pena presenciar en el muelle.

La cultura del tapeo

La gastronomía almeriense es rica en productos y tradición, pero es la cocina en miniatura la que más adeptos ha conseguido. En esta ciudad, salir a tapear forma parte de su estilo de vida. Estos aperitivos, que se suelen servir gratuitamente con la consumición cuentan con ingredientes de calidad como el tomate Raf, la berenjena, el calabacín o el pimiento. En una ruta de tapeo por el centro histórico no deben faltar locales tradicionales como El Quinto Toro, con sus riquísimas patatas a lo pobre; Casa Puga, con sus gambas con gabardina y las anotaciones de las consumiciones en la barra; la Bodega Las Botas, con su platos con toques árabes, y, en un ambiente desenfadado, también está Entrefinos, con su solomillo al estilo mozárabe y su huevo poché a la florentina, tapas ganadoras en varios concursos.

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Los restaurantes de mesa y mantel también aprovechan los productos autóctonos para ofrecer recetas tradicionales y creativas. Algunos como Catamarán, junto al puerto, o Casa Sevilla miman el paladar de sus comensales con la mejor materia prima sin renunciar a la herencia.

Dos experiencias placenteras para redondear el viaje son el flamenco y la playa. Uno de los mejores lugares para disfrutar del primero es la peña El Morata. La atmósfera se vuelve mágica con el sonido de la guitarra y el taconeo de los artistas. Y, sin salir del término territorial de la capital, se puede acabar en la zona del Parque Natural de Cabo de Gata. El broche lo pondrán un baño, un paseo hasta el faro, una foto en el arrecife de las Sirenas y una degustación de pescado en algún chiringuito de la playa. No se puede pedir más.

Cómo llegar:

La aerolínea Air Nostrum es una estupenda alternativa para llegar hasta la capital.

Dónde dormir:

El Hotel Catedral, muy céntrico, cuenta con habitaciones amplias, restaurante y terraza en la azotea.

Más información:

En la página web oficial www. turismode almeria.org

Hito:

Almería acaba de lograr el título de Capital Española de la Gastronomía 2019, lo que la convierte en una cita obligada durante el próximo año.

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