¿Gambas de Denia y centollos gallegos? Las trampas del marisco en EspañaEl marisco es un producto estrella del verano. Pero aunque en España tenemos la mayor variedad del mundo, este apartado es uno de los que registran más trampas. Si todas las gambas de Palamós o de Denia que se ofrecen cada día en los establecimientos españoles fueran de donde se dice harían falta veinte mediterráneos. Muchas llegan de mares exóticos, por avión, convenientemente congeladas. Algo similar ocurre con los centollos supuestamente gallegos, que vienen de Irlanda (y no son los peores); con los bogavantes del Cantábrico recién aterrizados de América; con las vieiras casi plastificadas suministradas en grandes bolsas, congeladas, desde aguas cálidas de África y América del Sur; con los percebes alargados, blandos y acuosos que proceden de Marruecos… [Otros pecados culinarios: Paellas y chiringuitos, cómo distinguir un buen arroz y dónde comerlo] Mención aparte para los langostinos. Julio Camba, al que no le gustaban mucho, dejó escrito que «los langostinos son el plato predilecto de las cupletistas principiantas y de los condenados a muerte». Le faltó añadir que también «de las bodas». Casi siempre congelados, claro, «pero de muy buena presencia». Nuestras aguas no producen cantidad suficiente para abastecer el mercado español, donde el langostino es marisco popular y habitual. Aún así, hay que ver cuántos langostinos «de Sanlúcar» se venden a diario. No nos engañemos, nadie da duros a peseta, y cuando las «mariscadas» se ofrecen a precios de saldo la calidad no puede ser excelsa. Aunque el problema principal se da a la inversa, cuando nos quieren hacer pasar (y cobrar) por buenos los que no lo son. Porque los productos congelados o criados artificialmente resultan necesarios para dar de comer a un número cada vez mayor de consumidores y tan aceptables y sanos como cualquier otro, aunque no tengan la misma calidad ni el mismo sabor, pero siempre que se advierta que lo son. Que no les den gato por liebre. Cómo comer mejor el marisco Otras opciones: Si no se puede pagar el elevado precio de algunos mariscos, precio que se dispara en estas fechas, es mejor optar por otros más asequibles como unos buenos mejillones o unos berberechos. Cocidos o a la plancha: Para comprobar la calidad de los mariscos, especialmente de los crustáceos (gambas y langostinos), lo mejor es pedirlos cocidos. A la plancha siempre se disimulan más los defectos.

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