Grecia, un crucero en blanco y azul

Algo está cambiando en el mundo de los cruceros. Lo que tradicionalmente fue una fórmula claramente orientada hacia una tercera edad de «bolsillo pudiente», ahora se presenta como una opción de viaje muy atractiva y asequible para el mercado familiar. Basta con analizar un dato: la edad media del crucerista español ha bajado desde los 70 hasta los 50 años y más de la mitad de los pasajeros que suben a un crucero tienen una edad que oscila entre 35 y 50 años. Si hablamos de destinos, el Mediterráneo es el auténtico «mare nostrum», el mar preferido entre los españoles que deciden hacer un crucero.

El Horizon, buque de la naviera Pullmantur, va a ser nuestro hogar durante los próximos siete días. Se trata de un barco cómodo, de tamaño contenido y completamente remodelado en 2009. Embarcamos en el Pireo, el principal puerto de Grecia, después de una rápida visita por Atenas, lo justo para descubrir dos de sus mayores tesoros: la Acrópolis con su Partenón (el mayor símbolo de la belleza de la arquitectura griega clásica) y el impresionante Templo de Zeus Olímpico, que llegó a contar con 104 columnas corintias de las que, por desgracia, sólo se conservan apenas 15.

Nuestro barco permanecerá atracado en cada puerto unas nueve horas, que no es tiempo suficiente para conocer a fondo un destino, pero es la única forma de tener un primer contacto con varias ciudades alejadas entre sí en apenas una semana. Aviso importante: hacer bien los cálculos para estar en el barco antes de zarpar; los cruceros no esperan a nadie más allá del horario anunciado. Las primeras horas a bordo de un crucero son un tanto caóticas, pero divertidas si se toman con buen talante. Todo el mundo busca algo: un restaurante, la piscina, la recepción… Es inevitable perderse. Lo mejor es tomarlo con calma, ir descubriendo el barco poco a poco, como un atractivo más dentro del propio viaje.

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Atardecer desde cubierta

Cada tarde, el Horizon pone rumbo a un nuevo puerto; en esta ruta no hay jornadas completas de navegación. Una de las experiencias que se quedará para siempre en la memoria es contemplar, desde cubierta (o desde el camarote, si ha tenido el acierto de contratarlo exterior con ventana) las impresionantes puestas de sol que nos regala el Mediterráneo. Cae la noche y el Horizon sigue devorando milla náutica tras milla. Las cenas, en cualquier crucero Pullmantur, son un acontecimiento gastronómico: los platos de su carta están elaborados por un equipo de cocineros a las órdenes del chef español Paco Roncero, reconocido con dos estrellas Michellin.

Mykonos nos aguarda con su fama de isla sonámbula, un potente imán para miles de jóvenes que cada verano disfrutan de sus interminables noches de fiesta. Pero lo cierto es que también hay un Mykonos que luce bajo la luz del sol, con sus fantásticas playas, casas blancas y puertas pintadas de azul intenso, molinos de viento y el famoso pelícano que pasea por las calles empedradas como si fuera un turista más. Sería un pecado de dimensiones bíblicas estar en Mykonos y no visitar la vecina isla de Delos, uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Grecia, que ya es mucho decir.

Nuestra siguiente escala es Creta, la isla griega de mayor tamaño y la quinta del Mediterráneo, repleta de historia y leyendas mitológicas como la del laberinto y el minotauro. Rétino es el puerto más italiano de Creta y, para muchos, el más bonito; su casco antiguo, muy bien conservado, rezuma influencia veneciana por los cuatro costados, como se aprecia en la Fortalezza, la Loggia, la fuente Rimondi y la puerta Guora.

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Después de otra plácida noche de navegación, nos preparamos para desembarcar en el nuevo puerto de Rodas. En la bocana del antiguo, llamado Mandraki, es donde se supone que se levantaba el coloso de 37 metros de altura que actuaba como faro, una de las Siete Maravillas de la antigüedad. Protegida por unas gruesas murallas, la ciudad medieval nos deja fascinados con su colección de casas y palacios de piedra y torres defensivas. En la calle de los Caballeros (la calle medieval mejor conservada de Europa) se pueden ver las ocho posadas que albergaban a los Caballeros Hospitalarios durante los 212 años que estuvieron en Rodas. El colofón en esta isla lo ponen Lindos y su acrópolis, que conserva importantes restos entre los que destaca el templo de Atenea. Si Creta es la mayor de las islas griegas, Patmos es una de las más pequeñas que están habitadas, la más septentrional del archipiélago del Dodecaneso y una de las más tradicionales y auténticas, además de venerada en el mundo cristiano: el lugar donde San Juan escribió el Apocalipsis.

Santorini, la última isla que visitamos, es completamente diferente a cualquier otra isla del Egeo. En realidad, lo que vemos hoy de Santorini no es más que los restos de la mayor erupción volcánica de la historia, sucedida hace 3.600 años, y el posterior hundimiento de la enorme caldera. Thira, la capital, se alza majestuosa sobre un acantilado a 300 metros sobre el mar; su abigarrado caserío de paredes blancas y cúpulas azules, configuran una de las imágenes más representativas y reconocibles del Mediterráneo. Más información en: www.pullmantur.es.

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Source: Viajes y Turismo

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