Los pueblos de montaña son una buena alternativa para combatir el calor durante las vacaciones estivales y disfrutar de la naturaleza en estado puro.
Hay lugares en España donde el verano discurre de manera suave, donde una chaquetilla no estorba y donde se agradece una manta por las noches. Los pueblos de montaña se convierten en un oasis para combatir el sofocante calor de esta época del año. Si a esto sumamos la naturaleza y los cascos urbanos anclados en el pasado, estos municipios, situados en las partes más altas, son los destinos perfectos para desconectar, respirar aire puro y disfrutar de bonitos paisajes.
UN CLIMA SUAVE
Uno de estos lugares es Artiés, un encantador pueblo situado en el valle de Arán (Lleida). Al llegar a la localidad, el tiempo se detiene para disfrutar lentamente de sus iglesias, ermitas y emblemáticos edificios. Pero también de sus espacios naturales, como los Baños de Artiés, un complejo termal de aguas sulfurosas que emergen a unos 39 grados de temperatura.
En el sur, en la provincia de Cádiz, se encuentra la localidad de Zahara de la Sierra, en plena sierra de Grazalema. Se caracteriza por sus calles empinadas, sus encaladas casas blancas y su majestuoso castillo elevado sobre un promontorio. Además, cuenta con una playa de interior: el embalse Zahara-El Gastor.
En la provincia de Alicante también hay destinos para pasar un verano fresquito, y Guadalest es el ejemplo perfecto. Situado sobre una escarpada roca, este municipio cuenta con un amplio e interesante patrimonio arquitectónico y cultural.
Hacia el norte, en Asturias, se encuentra el precioso pueblo de Cangas de Onís, puerta de entrada a los Picos de Europa, en el que la naturaleza y su puente romano son los verdaderos protagonistas.
Y ya en Huesca, casi en la frontera con Francia, destaca la localidad de Torla, cuyo nombre se debe ala torre defensiva, ya desaparecida. En su lugar se erige ahora la iglesia románica de San Salvador.
ARTIÉS
A 1143 metros de altitud se encuentra este bonito municipio del valle de Arán, en Lleida. Posee el encanto de los pueblos y de montaña, con casas con tejados picudos y callejuelas empedradas, y está bañado por dos ríos: el Valarties y el Garona.

Visita obligada merecen las bonitas ermitas de San Jaúme y San Peligrín, las sobrias e impresionantes iglesias de Santa Maria y de San Juan y, por supuesto, los Baños de Artiés.


Se trata de un complejo termal con aguas sulfurosas que emergen en las inmediaciones del emplazamiento, a unos 39 grados de temperatura. Toda una experiencia de lo más relajante para el cuerpo y la mente en medio de la naturaleza.

TORLA
Este bonito pueblo se encuentra al norte de la provincia de Huesca, muy cerca de la frontera con Francia. Su nombre se debe a su torre defensiva, ya desaparecida. En su lugar hoy se erige la bella iglesia románica de San Salvador, con sus retablos rescatados de pueblos que ya no existen.

En a antigüedad fue una villa totalmente amurallada y aún se conservan parte del castillo y algunas torres y puertas. Muchos de sus edificios también recogen el estilo pirenaico. La localidad es la puerta de entrada al valle de Ordesa.

ZAHARA DE LA SIERRA
En plena siena de Grazalema, en la provincia de Cádiz, se encuentra este precioso pueblo blanco. Es un lugar mágico donde conviven a la perfección la montaña y el agua cristalina de su embalse Zahara-El Gastor.

Además, el municipio cuenta con lugares que no hay que dejar de visitar, como el castillo, que es de lo poco que se conserva originalmente de la antigua fortaleza de Zahara de la Sierra; su vecina Torre Homenaje, de origen musulmán, con unas maravillosas vistas; y la iglesia de Santa Maria de la Mesa, del siglo XVII y construida sobre una antigua ermita.


GUADALEST
Considerado uno de los pueblos más bonitos de España, esta localidad alicantina posee un importante patrimonio. Uno de sus símbolos más importantes es el castillo de San José, una fortaleza del siglo XI creada por los musulmanes y situada sobre las rocas, en la parte más alta del municipio.

A él se suma el de Alcozaiba, también del siglo XI y del que solo queda una torre. También es imprescindible visitar la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, construida en el siglo XVII, y la casa Orduña, que está al lado del templo.

CANGAS DE ONÍS
Primera parada antes de los Picos de Europa, este precioso municipio es reconocido por su puente romano sobre el río Sella, que en realidad no es de época romana, sino medieval, y del que cuelga la Cruz de la Victoria.

En él hay que buscar la calle San Pelayo, donde se concentra el casco antiguo, con edificios históricos que muestran escudos en su fachada, como la casa de Soto o la casa de la Capitana, y la plaza del Mercado, además de la iglesia de la Asunción. Desde ese punto, también se puede viajar hasta los lagos de Covadonga, un lugar mágico donde huir del calor.


