Otro engaño: ¿las croquetas de los bares son caseras o precocinadas?«¿Qué tal las croquetas?» «Estupendas, son caseras». Esta es la respuesta habitual del camarero cuando tras consultar la carta hemos encontrado unas apetecibles croquetas con las que podríamos muy bien empezar nuestra comida. Caseras, sí, pero de otra casa. De la empresa que se dedica a la producción y venta de platos precocinados listos tan sólo para abrir su envoltorio y pasar el contenido por el horno, el microondas o la freidora. Es lo que se conoce como quinta gama. Una maravilla para cocineros con escasa profesionalidad o faltos de tiempo, y sobre todo para empresarios dispuestos a abaratar gastos de personal y de producto. El desarrollo de esta quinta gama es imparable, favorecido sobre todo por la expansión de esos restaurantes tan cuquis en los que lo importante no es precisamente la comida. Si repasan las cartas de esos establecimientos verán platos que se repiten una y otra vez entre ellos y que resulta difícil que hayan podido ser elaborados en minúsculas cocinas. Platos con sabores muy parecidos, enmascarados casi siempre en salsas repetitivas. Uno de los mejores ejemplos lo encontramos en las mencionadas croquetas. ¿No han notado que últimamente nos ofrecen con frecuencia las de boletus o las de chipirones? Casi más que las tradicionales de pollo o de jamón. No tenemos nada contra la quinta gama. Su calidad suele ser muy digna. Y hay cocineros que luego le aportan su «toque personal», aunque en realidad no se trata de cocina sino más bien de montaje. Lo que no resulta de recibo es el engaño. Vender esas elaboraciones como si fueran «de la casa». En Francia ya existe el sello «Restaurant de Qualité» para distinguir a los establecimientos que no sirven platos precocinados o recalentados, en los que todo se hace, como siempre, desde cero. Ojalá en España lo tengamos pronto. Lo que hay que saber
Los expertos dan algunos consejos para ayudar a identificar la quinta gama. Por ejemplo cuando carnes y pescados se ofrecen siempre con salsas, o cuando el producto principal llega ya mezclado con la salsa y la guarnición. Las cartas kilométricas, con productos de cualquier temporada y platos de nombres sofisticados, son otro indicio. Pero tengan cuidado con lo «tradicional». Esas lentejas estofadas o las albóndigas con tomate también pueden ser de quinta gama.

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