Chios: La isla de Homero

Chios (también conocida como Quíos o Kios), está ubicada en el extremo más oriental del Mar Egeo, entre Samos y Lesbos, más cerca de Turquía que de Atenas. Es la quinta isla de mayor tamaño de Grecia y la décima del Mediterráneo. Pero más allá de su descripción geográfica, historia y leyendas se funden y confunden en Chios (pronúnciese Jíos), hasta el punto de que ya nadie es capaz de asegurar o desmentir rotundamente si esta isla es la verdadera cuna de Homero. Si lo damos por cierto, a unos pocos kilómetros de su capital (también llamada Chios), en una pequeña elevación frente al mar, podemos visitar la Daskalopetra, una piedra no demasiado grande situada en el centro de una plataforma pétrea con forma de hemiciclo rodeada de pinos: la piedra en la que Homero se sentaba para transmitir toda su sabiduría a sus discípulos.

Por su estratégica situación geográfica, Chios ha sido, desde siempre, un lugar codiciado como posicionamiento clave en las antiguas rutas comerciales. Fue conquistado y dominado, sucesivamente, por Roma, Bizancio, la República de Génova y, desde 1566, por el Imperio Otomano. En marzo de 1822, Chios fue protagonista de uno de los episodios más tristes y sangrientos de la Guerra de Independencia de Grecia contra los turcos: más de 20.000 habitantes fueron masacrados y otros 45.000 hechos prisioneros.

Identidad propia

En la actualidad, Chios es una isla tranquila, con identidad propia y con su esencia intacta; sus habitantes han sabido prosperar ajenos a la fiebre turística que ha desbordado otras islas del Egeo. En Chios, resulta fácil encontrar pintorescos rincones y playas de postal en los que la única compañía es tu propia sombra.

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Los pueblos situados al sur de la isla, muchos de ellos construidos entre los siglos XIV y XV, mantienen su impronta medieval con estrechas calles empedradas, murallas y torres defensivas. Dos magníficos ejemplos son Mesta, con su entramado genuinamente defensivo, y Pyrgi, conocido como el «pueblo pintado» debido a la decoración de sus casas con diseños geométricos en blanco y negro siguiendo la técnica italiana del «esgrafiado». No podemos abandonar Pyrgi sin antes visitar Agios Apostoli, una pequeña iglesia bizantina (casi escondida en un pequeño callejón cercano a la plaza principal) que conserva unos magníficos frescos en su interior.

Muy cerca de Pyrgi, en la bahía de Emborio, aliviaremos el sofocante calor estival con un baño en Mavra Voila, la playa más singular de toda la isla, que se diferencia del resto por estar cubierta de guijarros negros; la lava del cercano volcán Psaronas y la erosión de las olas han sido los factores determinantes de este maravilloso conjunto. Los guijarros de Mavra Voila son usados por los vecinos de los pueblos cercanos como elemento decorativo, en forma de mosaico, en los jardines y entradas de sus casas.

lentisco único en el mundo

Y es aquí, en la parte más meridional de Chios, donde encontramos la explicación de que esta isla haya podido resistir los cantos de sirena del turismo masivo y, pese a ello, haya prosperado: debido a la particular composición del suelo y a su clima, el sur de Chios es el único lugar del mundo en el que crece el lentisco (Pistachia lentiscus, en su variedad Chia), un arbusto del que brotan las valiosas lágrimas resinosas llamadas Mastika o Mastija (a España llegó con el nombre árabe de Almáciga), que lo mismo se convierten en goma de mascar, cosméticos o un delicioso aguardiente.

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Durante el mes de junio, el suelo alrededor de cada árbol se limpia y se cubre con una arcilla blanca, donde caerán y cristalizarán las lágrimas de resina. Posteriormente se realiza la incisión de los árboles para provocar el «sangrado» de la resina y, por fin, en septiembre, comienza la recolección y el lavado. Todo el proceso se ha mantenido sin apenas cambios durante siglos y no se utilizan elementos químicos ni aditivo alguno. Desde siempre, la Mastika ha sido apreciada por dos características fundamentales: un sabor único y sus virtudes terapéuticas que favorecen la regeneración de la piel, la higiene bucal y los desordenes digestivos. Que siga llorando el lentisco.

 

Source: Viajes y Turismo

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