¿Deberían los restaurantes prohibir el uso del móvil?No todos los pecados culinarios los cometen los restaurantes. También los clientes tenemos los nuestros. Bastantes, por cierto. Sin duda uno de los más preocupantes es el uso de los teléfonos móviles dentro del comedor. Es evidente que una inmensa mayoría de la población ya no entiende la vida sin el móvil, pero hay ocasiones en que convendría limitarse. Se supone (a veces sólo se supone) que a un restaurante se va a disfrutar. Y no hay nada más triste que ver como una mayoría de los clientes están usando su móvil. En unos casos para consultar su Whatsapp (un reciente informe asegura que los españoles que lo utilizan no aguantan más de una hora sin consultarlo). Otras directamente para hacer o recibir llamadas, con las consiguientes molestias para los vecinos de mesa (aunque todavía no se ha llegado al nivel de los vagones del AVE). Y muchos para hacer esas fotos que luego colgarán en las redes sociales. En esto de las fotos he visto incluso a clientes sacando cámaras fotográficas para que sean de más calidad. ¿De verdad están disfrutando todos esos comensales de los platos que les están sirviendo? Hay restaurantes que colaboran instalando cargadores para que el móvil no se quede sin batería. Unos pocos, con buen criterio, empiezan a prohibir su uso. Al menos debería exigirse que se les quite el sonido, como ocurre en el teatro o en los conciertos. Hace unas semanas leía que el dueño de un establecimiento de Inglaterra ha instalado un sistema que bloquea la señal de los móviles para que no se puedan usar. Le falta aún encontrar la fórmula para que tampoco se puedan hacer fotos con ellos, pero eso parece muy complicado. Al final, como en tantas otras cosas, se trata de una cuestión de educación, esa que poco a poco vamos perdiendo. Recomendaciones
La mejor recomendación sería no usar el móvil en el restaurante. Pero hoy por hoy parece algo imposible salvo una prohibición expresa del propio establecimiento. Al menos quiten el sonido y procuren no hablar a gritos. En el caso de las fotos, se pueden hacer con discreción, sin necesidad de estar levantándose para encontrar los mejores ángulos. Se trata, fundamentalmente, de no molestar al resto de clientes que lo único que quieren es pasar un buen rato.

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