El caviar, el nuevo lujo innecesario en los restaurantes españolesLeía estos días un artículo de Ignacio Medina, periodista gastronómico que por razones de trabajo reside desde hace unos años en Perú. Desde la distancia que marca el Atlántico, siguiendo la actualidad culinaria española a través de las redes sociales, Ignacio se indigna por lo que él califica, con acierto, como cocina del derroche, una forma de ocultar las carencias del cocinero bajo la falsa apariencia del lujo. Y utiliza como principal ejemplo la cada vez más abundante presencia del caviar en los platos. Comparto plenamente esa indignación. Recurrir a productos que consideramos de lujo de manera absolutamente innecesaria sólo sirve para disimular carencias en la cocina o para justificar una subida de los precios de los platos. Aún estamos recuperándonos de una crisis que afectó con dureza al mundo de la hostelería y ya estamos creando una nueva burbuja, basada en la ostentación y el despilfarro, propia de nuevos ricos. Ahora es el caviar como en otros tiempos lo fueron el foie-gras y los bogavantes. ¿Recuerdan el gazpacho de bogavante? Un gran invento para asaltar las visas oro, entre otros, de los empresarios de la construcción. Probablemente el mejor ejemplo de ese lujo innecesario que ahora se ve reemplazado por uno granos de caviar que apenas aportan nada al plato. Lujo cuyo principal escaparate está en las redes sociales, Instagram a la cabeza, donde la ostentación alcanza cotas sonrojantes. Algunos cocineros se aprovechan de ese tipo de clientes, más preocupados de mostrar su poderío en esas redes que de lo que comen. Más que disfrutar de la comida, que debería ser lo principal, para ciertos personajes lo importante es la exhibición de platos y de vinos. Y cuanto más caro sea ese plato, más costosa la botella de vino, mejor. El auge de este lujo innecesario tiene, por desgracia, mucho que ver con esa ostentación. Recomendación La presencia del caviar o de otros productos considerados de lujo no suele ser más que una forma de incrementar el precio del plato. Ojo, no siempre. Hay ocasiones en que esa presencia tiene un sentido en el conjunto. Como ocurría en tiempos con el gazpacho de bogavante, o el abuso del foie gras, lo mejor es dejar de lado esos platos que nos van a incrementar la cuenta final sin aportarnos apenas nada.

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