España ya ha abierto sus puertas a los visitantes extranjeros, pero el veto y las trabas de Reino Unido a viajar a nuestro país ponen en serio peligro la temporada alta del verano en los sitios de costa más populares y hace que el turismo español viva uno de los momentos más complicados de su historia.

El pasado 7 de junio España volvió a abrir sus puertas a casi todo el mundo para que los turistas extranjeros puedan pasar sus vacaciones aquí. La mayoría de los procedentes de la Unión Europea y de otros países extracomunitarios deberán presentar un certificado de vacunación, uno de recuperación del covid-19 b una PCR negativa realizada 48 horas antes para poder entrar en tierras españolas.

CRISIS EN EL SECTOR TURÍSTICO ESPAÑOL

Mientras que los ciudadanos originarios de sitios en los que la pandemia esta mejor controlada, como Australia, Corea del Sur, Israel, Japón, Nueva Zelanda o Reino Unido, entre otros, ni siquiera necesitan aportar ninguna de las pruebas anteriores. Una gran noticia para nuestro país, ya que el turismo supone más de un 12% del PIB y son muchos los españoles que viven gracias a él.

EL TURISMO ESPAÑOL EN PELIGRO – INGLESES EN MAGALUF

Sin embargo, el ambiente que se respira en lugares tan populares para los extranjeros como el Levante, Baleares o Canarias no es precisamente de felicidad, sino más bien de desesperanza y preocupación.

¿El motivo? El gobierno de Reino Unido sigue manteniendo a España en el semáforo ámbar, lo que implica que todos los británicos que veraneen aquí deberán pasar una cuarentena obligatoria a su vuelta y realizarse tres pruebas PCR, trabas que muchos no estén dispuestos a sortear.

«Los últimos cinco veranos he ido a La Manga con mis amigos, pero este año nos quedaremos en Inglaterra porque no podemos permitirnos coger 10 días más de vacaciones para hacer la cuarentena», explica un joven de Newcastle.

EL TURISMO ESPAÑOL EN SITUACIÓN CRÍTICA

Sin duda, un varapalo enorme para nuestra industria turística, ya que en 2019 nos visitaron más de 18 millones de ingleses que se gastaron 17,9 millones de euros. Históricamente ocupan el primer lugar en la lista de procedencia de turistas internacionales, por delante de alemanes, franceses y nórdicos.

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El panorama no podría ser más crítico para hoteles, alojamientos, hostelería y comercios, que ya sobrevivieron a duras penas en el verano de 2020.

«Lo que estamos viviendo no se puede comparar a nada, estamos muy mal. Mis clientes residentes estan como nosotros, no trabajan y no pueden gastar», cuenta desalentada la dueña de una tienda de Magaluf (Mallorca), meca por excelencia para los ingleses.

«La situación actual es un desastre total», asegura el propietario de un ‘pub’ de Benidorm (Alicante), que trata de «resistir» como puede y espera que lleguen pronto tiempos más felices.

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