El menhir más alto de la península ibérica que buscaba la fertilidadEl menhir de Meada, el más grande de la península ibérica, se encuentra en Portugal, en la freguesía de Póvoa e Meadas, muy cerca de Castelo de Vide, a menos de 40 kilómetros del municipio cacereño de Valencia de Alcántara. Se trata de un gigantesco monolito de 7,15 m de altura con más de un metro de grosor y de casi 18 toneladas de peso, que fue erigido durante el Neolítico. Su forma fálica hace referencia a la idea de la fertilidad y la fecundación que tenían las primeras comunidades de pastores que poblaron este lugar. Se cree que el menhir formaba parte de una línea de al menos cinco menhires y que se rompió en dos partes. Afortunadamente en 1993 fue restaurado y hoy se puede disfrutar en un paisaje donde proliferan los bosques de alcornoques. En las proximidades del menhir vale la pena visitar Castelo da Vide, agrupado al pie de su castillo en una colina de la Sierra de San Mamede. El bonito pueblo, llamado por el rey don Pedro V «el Sintra do Alentejo», sorprende por sus callecitas tortuosas que conducen a la antigua judería en la que sobresale una sinagoga medieval que recuerda el pasado sefardí de Castelo de Vide y a la hermosa fuente renacentista de la villa. Muy cerca, a 8 kilómetros, se encuentran las ruinas romanas de Ammaia, una ciudad mediana que llegó a contar con 7.000 habitantes y que floreció gracias a los abundantes productos agrícolas del lugar como el vino, el aceite y los cereales. Las ruinas se pueden visitar (ticket, 2 euros), así como su museo que exhibe algunos de los hallazgos del yacimiento ( lápidas, dinteles tallados, joyas, monedas y objetos de vidrio increíblemente bien conservados producidos en esta ciudad). Sólo se ha excavado un uno por ciento de Ammaia, pero una parte del foro y las termas ya son visibles durante el recorrido. Castillo de Marvao – J. Carrión El otro gran atractivo de la sierra es Marvao, uno de los destinos favoritos de José Saramago, al que se accede tras pasar por Portagem y su torre medieval, todavía en un pie, donde los judíos tenían que pagar impuesto de entrada en el siglo XV. Ya en la cumbre, a 843 metros de altura, Marvao asombra por su ubicación con su viejo castillo, que fue restaurado en el siglo XVII, desde el que se goza de una hermosa vista panorámica de 360 grados. El paseo por el pueblo es encantador por sus estrechas calles, sus pasos abovedados y sus originales balcones floridos con rejas de hierro y ventanas manuelinas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.